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2012 — 2022 · Cocentaina, Alicante

La Fustería
Cocentaina

Mi primer gran sueño fue el Rancho Wilson. Y fue un sueño porque aquel lugar pudo conmigo. Tenía conocimientos. Tenía experiencia. Pero todavía no tenía el carácter necesario para despertaros interés. Aún no había entendido que cocinar no consiste únicamente en dar de comer; consiste en conseguir que alguien se sienta bien y quiera volver.

Ese carácter llegó en Cocentaina.

Una población que me aceptó exactamente como quería ser. Allí, en su Centro Social, nació la idea de La Fustería, allá por 2011-12. Lo que empezó como una apuesta personal terminó convirtiéndose, gracias a la confianza de miles de personas, en un restaurante de referencia durante más de una década.

Dimos a luz a La Fustería en 2012. Y lo hicimos, sobre todo, gracias al esfuerzo de Superman: mi padre.

A una edad en la que muchos ya piensan en descansar, él estaba allí conmigo. Compartiendo jornadas con albañiles, electricistas, carpinteros y todos los oficios necesarios para que aquel sueño pudiera abrir sus puertas.

Alumbramos las chimeneas y el fuego por necesidad. Buscábamos calidez, personalidad y una forma distinta de entender cada plato. Sin saberlo, también estábamos encendiendo la identidad de La Fustería.

El Ayuntamiento, con sus responsables y trabajadores, tuvo mucho que ver en nuestros primeros pasos. Sin su mano izquierda y su confianza, probablemente nunca habríamos encontrado nuestro camino.

Con el tiempo llegó una orden de cierre municipal. Y, aunque entonces nos dolió profundamente, hoy puedo decir que fue uno de los mayores regalos que recibimos.

Nos obligó a dejar de correr como pollos sin cabeza. A dejar de trabajar por inercia. A replantearnos quiénes éramos y por qué hacíamos lo que hacíamos.

Rozando a veces los límites de lo establecido, comprendimos que aquello que realmente hacíamos bien no era cocinar para todo el mundo, sino cocinar para quienes deseaban vivir la experiencia y compartirla con nosotros.

Desde la calle, nada hacía imaginar lo que ocurría dentro. Una fachada humilde. Una puerta principal siempre cerrada y un acceso lateral todavía más triste que la fachada. Pero bastaba cruzarla para descubrir un mundo propio, ecléctico, anárquico y profundamente libre. Así nos describieron muchas veces los medios de comunicación. Y así éramos.

Después aparecisteis vosotros. Llegó la televisión. Las páginas centrales de los periódicos. Las guías gastronómicas. El reconocimiento en internet, en Google y Tripadvisor.

Sí, llegó el reconocimiento. Pero yo seguía sintiendo que faltaba algo. No sabía qué era. Con el tiempo comprendí que no soñaba con ser un restaurante conocido. Soñaba con construir un lugar imposible de olvidar.

Durante más de una década escribimos una historia. Nunca mejor dicho: una historia escrita a fuego que terminará perdiéndose en el tiempo, como lágrimas bajo la lluvia. Pero mientras exista alguien que la recuerde, o alguien que vuelva a encontrarnos allá donde estemos, La Fustería seguirá encendiendo el mismo fuego que un día nació en Cocentaina.

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