2022 — 2026 · Ontinyent / Bocairent, Valencia
Donde la emoción encontró un hogar
El 2 de febrero de 2022 comenzó una nueva etapa para La Fustería.
Llegamos al Molí del Pas con una ilusión que iba mucho más allá de abrir un restaurante. Queríamos demostrar que otra forma de entender la hostelería era posible. Una forma donde la cocina siguiera siendo importante, pero donde las emociones, la cultura y las personas ocuparan el verdadero centro de la experiencia.
Con el sabor de antaño, la pasión del presente y el deseo permanente de seguir imaginando el futuro, empezamos a construir algo que ni siquiera nosotros sabíamos hasta dónde podía llegar.
El Molí del Pas no era únicamente un edificio. Era un lugar con memoria. Y poco a poco dejó de ser el escenario de La Fustería para convertirse en parte de ella.
Cada comida comenzaba con una bienvenida. Continuaba atravesando la cocina, donde los clientes podían ver cómo nacían los platos, y seguía recorriendo libremente cada rincón del edificio. Todo estaba pensado para que la experiencia no terminara en la mesa.
Con el paso del tiempo ocurrió algo difícil de explicar. El edificio dejó de ser un espacio físico y terminó mimetizándose con nuestra forma de entender la hospitalidad. Sus paredes, sus puentes, sus chimeneas y sus rincones comenzaron a formar parte del viaje emocional que pretendíamos despertar en cada persona que nos visitaba.
Las actuaciones de jazz, música clásica, pop o los grandes éxitos de los años ochenta nunca fueron concebidas como una fiesta. Eran el acompañamiento natural de una sobremesa que invitaba a detener el tiempo.
Nuestros clientes llegaban a las dos de la tarde y, casi sin darse cuenta, seguían allí a las seis. No hacía falta prolongar la sobremesa con copas, licores o fiesta. Permanecían porque se encontraban bien. Porque el tiempo dejaba de tener importancia. Porque, durante unas horas, el Molí del Pas dejaba de ser un restaurante para convertirse en un lugar donde simplemente apetecía estar.
Ese fue, probablemente, nuestro mayor reconocimiento. Después llegaron otros. Alcanzamos el segundo puesto en los rankings gastronómicos de la zona, aparecimos en la Guía Macarfi y volvimos a recibir una enorme acogida por parte de quienes nos descubrían.
Pero el verdadero éxito nunca estuvo en las guías. Estaba en escuchar a quienes nos decían que habían vivido una experiencia imposible de explicar con palabras. En ver cómo regresaban con sus familias, con sus amigos o con personas a las que querían sorprender. Porque quien venía a La Fustería no buscaba únicamente comer bien; buscaba regalar un recuerdo.
Hace unos meses terminó nuestra etapa en el Molí del Pas. Nos marchamos con gratitud. Intentamos estar a la altura de un edificio con siglos de historia y de todas las personas que lo hicieron posible antes y durante nuestro paso por él.
Nada de lo vivido desaparece. El Molí del Pas seguirá escribiendo su propia historia. Y nosotros seguiremos llevando con nosotros todo lo que aprendimos entre sus muros. Porque algunos lugares dejan de ser un destino para convertirse, para siempre, en una forma de mirar la vida.